El precio impone en Paraná volcarse a granos genéticamente modificados

El mercado privilegia soja convencional,
pero eso no llega al productor

 

En las actuales condiciones, las cosechas convencionales de soja no sobrevivirán por más de un año, según el pronóstico hecho por la ingeniera agrónoma Daniele Sabatke. Los costos cada día son más elevados para las modalidades convencionales de cultivo y eso llevará a la mayoría de los agricultores a cambiar de opción. Aunque muchos vislumbran buenas oportunidades de negocio en la producción del grano tradicional, Daniele advierte: el consumidor que tiene restricciones hacia el alimento transgénico deberá hoy estar dispuesto a pagar más por lo que mas tarde podrá transformarse en un producto de lujo.

El pronóstico, que para los ambientalistas puede ser considerado sombrío, se basa en estimaciones que que Daniele hace a punta de lápiz. Plantar soja convencional en la próxima zafra será 13,94% mas caro que plantar soja transgénica. Aún pagando el 2% por concepto de royalty a la Monsanto por el uso de las semillas modificadas, el productor de soja transgénica tendrá un costo R$ 93,00 mayor por hectárea, considerando los precios vigentes actualmente en Paraná, que ya están próximo a los R$ 30 por bolsa. Ese cálculo toma como base la creencia de que la productividad de las cosechas convencionales y modificadas son similares. Para la agrónoma, la productividad de ambas cosechas no supera las 50 bolsas por hectárea.

Daniele, entre otras actividades, trabaja para su padre, Willian Sabatke, en la región de Ponta Grossa, Paraná. La propiedad de la familia tiene 1,2 mil hectáreas, de las cuales, mil son ocupadas con granos convencionales y las 200 hectáreas restantes son reserva natural y floresta. Según el cálculo de la ingeniera agrónoma, la opción por la soja convencional cuesta a su familia renunciar a una renta estimada de R$ 93 mil por año.

Aún así destaca que el producto fue segregado y por eso, no está contaminado por organismos genéticamente modificados (OGMs). Pero la familia Sabatke no logra vender su producto por un precio mas elevado del que se paga por un simple commodity. Daniele reconoce que las empresas que comercializan su producción cobran un plus por negociar con productos libre de transgénicos. Para ella, esas empresas de granos, multinacionales incluso, obtienen buenos lucros al negociar con soja convencional. Pero esa ventaja no está siendo recibida por los agricultores. Los precios se basan en las operaciones del mercado futuro de la Bolsa de Chicago.

No hay en Paraná ninguna procesadora o trading del área de soja que esté dispuesta a pagar una remuneración extra como forma de estimular la preservación de las culturas convencionales, afirma Daniele. Consciente de que cada día es mayor el número de consumidores que resiste a los cambios biotecnológicos, empresas como Caramuru en Goiás, y la Solae (una asociación de la Bunge con la DuPont), ya se disponen a pagar un pequeño plus para garantizar el fortalecimiento del sector y estimular el plantío de cultivos convencionales.

Daniele indica de todos modos que ese sobreprecio es aún insuficiente para convencer a los productores a no adherir a las biotecnologías. Desde que Caramuru decidió ofrecer a sus clientes solo productos libres de transgenia (y eso es destacado en los envoltorios), la empresa ofrece un plus de 5% sobre los precios del mercado para granos convencionales.

 

Traducción de Martín Pardo en base a artículo original de Isabel Dias de Aguiar, publicado en suplemento Finanzas y Mercados (Gazeta Mercantil). São Paulo, 4 de Outubro de 2006. Se reproduce únicamente con fines informativos y educativos.

       

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