La soja podría poner en riesgo el futuro del suelo

 

El cultivo es el motor del sector agrícola argentino. El instituto de investigaciones agropecuarias de Argentina, INTA, advirtió que ciertas técnicas pueden generar daños irreversibles. En los últimos años la soja se convirtió en el "cultivo por excelencia" gracias a la gran demanda internacional y su cotización en los mercados con tendencia alcista por el uso de los biocombustibles. Desde el punto de vista económico, se transformó en la fuente más importante de ingresos fiscales. Se prevé que durante el 2007, los números de la recaudación por retenciones a la exportación alcancen 2.500 millones de dólares.

 

Con este ritmo de crecimiento y su producción desmesurada se vislumbran repercusiones poco alentadoras para los suelos y, por ende, en el sector agrario argentino. El director del área Suelos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria

(INTA), ingeniero Roberto Casas explicó que "la principal amenaza es el uso en exceso del monocultivo". 

 

"Al principio la soja se incluía en el sistema de siembra directa como un cultivo mas de la rotación: se hacía primero trigo-soja y luego se incorporó el maíz –recordó Casas-. Ahí el sistema funcionaba bien porque se conservaban los rastrojos que debe haber permanentemente sobre el suelo". 

 

Sin embargo, Casas explicó que "cuando se empiezan a reemplazar las rotaciones por el monocultivo ahí entramos en problemas porque la soja es una leguminosa que tiene un rastrojo muy rico en nitrógeno entonces se descompone rápidamente". Al producirse esto, el suelo pierde su protección y queda expuesto por lo que con el tiempo comienza a desaparecer la superficie necesaria para cualquier tipo de cosecha. Con el monocultivo de la soja también "es poca la materia orgánica que se incorpora al suelo y con los años el balance de ésta en el terreno se torna negativo". 

 

"Para que un sistema sea sustentable se debe conservar la integridad del suelo cuidando la superficie y el balance de materia orgánica", destacó Casas. Si la producción no deja una cobertura sobre la superficie "se me erosiona y en dos o tres años voy a estar destruyendo ese suelo". 

 

Casas recomendó que se realicen "rotaciones con distintos tipos de cultivos básicamente gramíneas como el maíz, el trigo, el sorgo, que incorporan materia orgánica y dejan rastrojos ricos en celulosa y que son atacados muy lentamente por las bacterias y permanecen mucho tiempo sobre el suelo". 

 

Principalmente, la soja extrae de la superficie altos índices de fósforo y azufre a los que les siguen componentes como calcio, magnesio y otros microelementos. Por ello, Casas sostiene que los productores deben hacer uso de fertilizantes para reponer estos nutrientes. "Con el trigo y el maíz se repone materia orgánica a través de los residuos pero hay que agregarle al suelo los nutrientes que los cultivos extraen mediante el uso de fertilizantes nitrogenados y fosforados", explicó el Ingeniero Agrónomo. 

 

En la actualidad, se consumen en Argentina alrededor de 3.000.000 de toneladas de fertilizantes las cuales, según los niveles de producción, deberían duplicarse alcanzando al menos los 6 millones. "En el caso de nitrógeno estamos reponiendo aproximadamente un 25 ó 30 % y en el caso del fósforo un 50 %. Todavía queda un margen muy importante de utilización de fertilizantes si es que pretendemos, como ya se estima, superar los 100 millones de toneladas y alcanzar los 120 que es lo posible de alcanzar en el mediano plazo", advirtió Casas. 

 

Para el funcionario del INTA, "el sistema tal cual se está aplicando hoy en día, en muchas regiones no es sustentable" y remarca la diferencia entre las zonas más resistentes y las más expuestas a la degradación. "En aquellas zonas que tienen más resiliencia como el área pampeana húmeda, con suelos bien dotados en materia orgánica, podemos seguir cultivando unos años más sin que haya un proceso de degradación muy profundo o notable. Pero en aquellos suelos de menor aptitud, en zonas marginales con texturas mas arenosas hacia el oeste de la región pampeana, ahí ya están apareciendo problemas serios de erosión, compactación y pérdida de fertilidad de los suelos por el monocultivo que no es bueno para ninguna superficie", destaca. 

 

Por otra parte, Casas resaltó que la soja "tiene toda la capacidad para ser el cultivo estrella" y que ésta posibilidad se agranda con la aplicación de los biocombustibles. "Nosotros advertimos sobre esa tendencia a ´demonizar´. La soja es un cultivo extraordinario que ayudó al sector y al país a salir de una de las crisis realmente más importantes de la historia. El cultivo no tiene la culpa si se desmonta mal o se hace en

suelos que no tienen aptitud. Son las provincias y la Nación las que tienen que hacer un ordenamiento territorial e ir orientando cómo y dónde hacer los cultivos pero el cultivo, bien hecho, rotándolo con otros cultivos y usando las tecnologías adecuadas realmente es extraordinario", explicó.

 

Finalmente, Casas subrayó que "tenemos que actuar con inteligencia y generar sistemas de utilización del suelo que permitan que la soja continúe haciéndose junto con otros cultivos y bajo las normas de control de erosión y balance de materia orgánica para que el sistema sea sustentable en el tiempo".

 

Publicado en el periódico Infobae (Buenos Aires9, en junio de 2007.

Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

       

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